Deambulamos por nuestros propios pasos, una y otra vez andamos sobre los pedazos de conciencia que yacen en el piso y hasta reconocemos que vivimos en círculos [viciosos].
Quisiera que tú fueras mi vicio, indeleble y repentino. Anónimo y complaciente... Si, sólo complaciente... Pero no lo eres, complaciente no eres... Y si fueras tan
hechizante como me autosugestiono creerte, me dedicaría cada día a caer sedienta de ti, pidiendo una dosis elevada en cada oportunidad... Sin embargo, no lo eres, hechizante en la realidad no lo eres...
Me gustas y eso es lo que importa, quizá tanta decepción también me seduzca y me tiente a sucumbir, me cautive tanto como el dolor y el placer, o más que la fascinación de tu cinismo... Es eso, el descaro y cinismo que te envuelve, ese velo de ironía que te hace tan apetecible... Mío, no me importa que seas mío... Lo que me importa es que vengas a poseerme y ese asunto no tenga fin [por el momento].
Acércate y tómame, dibujame y desdibujame el cuerpo, tatúame tus manos en la cintura y, si puedes hacerlo corróeme el alma, forza mi sien a la tuya y clávame los ojos con esa mirada acusadora y rotundamente retadora. Siénteme, miénteme y acaríciame, revíveme, alucíname y penetrame. Te invito a que me estrujes el corazón y te des cuenta que sentir, no se puede por cualquiera [y tú no eres más que eso].
Quisiera que tú fueras mi vicio, indeleble y repentino. Anónimo y complaciente... Si, sólo complaciente... Pero no lo eres, complaciente no eres... Y si fueras tan
Me gustas y eso es lo que importa, quizá tanta decepción también me seduzca y me tiente a sucumbir, me cautive tanto como el dolor y el placer, o más que la fascinación de tu cinismo... Es eso, el descaro y cinismo que te envuelve, ese velo de ironía que te hace tan apetecible... Mío, no me importa que seas mío... Lo que me importa es que vengas a poseerme y ese asunto no tenga fin [por el momento].
Acércate y tómame, dibujame y desdibujame el cuerpo, tatúame tus manos en la cintura y, si puedes hacerlo corróeme el alma, forza mi sien a la tuya y clávame los ojos con esa mirada acusadora y rotundamente retadora. Siénteme, miénteme y acaríciame, revíveme, alucíname y penetrame. Te invito a que me estrujes el corazón y te des cuenta que sentir, no se puede por cualquiera [y tú no eres más que eso].


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