Y un día se vistió con lo mejor de su armario, se retocó mil veces el maquillaje al salir de casa. Y es que ella sabía a quien vería a las 4:00 post meridiam de esa tarde... al hombre -que ella creía era- de su vida...
¡Claro! Ya eran más de cincuenta mil lunas sin él y ella ya estaba lo suficientemente cansada de llorarlo hasta sin lágrimas en sus ojos.
Salió temprano de casa sin saber como ocultar sus nervios, fue al bar de siempre -a esa hora- casualidad y estaba abierto. Pidió una copa de vinotinto: lo observó, lo olfateó y finalmente lo saboreó, su paladar no la traicionó era el mejor que jamás había probado y aunque con una sola copa ya comenzara a tambalearse, se arriesgó y consumió dos. Pagó la cuenta y se dirigió al sitio de encuentro.
Él estaba allí -para su sorpresa- mejor que hacía mucho tiempo y es que como ella, él también había cambiado.
Se acercó y él estaba de espaldas, le susurro al oído un jadeante "hola", él tardó en reconocer su insinuante voz; sin embargo, su estilo era el mismo, cabello algo más largo , uñas vino-placer algo más largas y una elegancia sin precedentes.
Se puso de pie de frente a él y al mirarlo a los ojos lo tomó la cara con un dedo y lo sorprendió con esta frase:
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2 comentarios:
Como YO, ninguna... "media vuelta y se marchó..." pero aún así lo sigue amando.
[Deseo tener esa fuerza, algún día]
Y yo deseo algún día que ese rufián de corazones, me devuelva el mío.
=)
Atte.
Srta. Acoso
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