jueves, 19 de junio de 2008

Todo a su debido tiempo

Y un día se vistió con lo mejor de su armario, se retocó mil veces el maquillaje al salir de casa. Y es que ella sabía a quien vería a las 4:00 post meridiam de esa tarde... al hombre -que ella creía era- de su vida...

¡Claro! Ya eran más de cincuenta mil lunas sin él y ella ya estaba lo suficientemente cansada de llorarlo hasta sin lágrimas en sus ojos.

Salió temprano de casa sin saber como ocultar sus nervios, fue al bar de siempre -a esa hora- casualidad y estaba abierto. Pidió una copa de vinotinto: lo observó, lo olfateó y finalmente lo saboreó, su paladar no la traicionó era el mejor que jamás había probado y aunque con una sola copa ya comenzara a tambalearse, se arriesgó y consumió dos. Pagó la cuenta y se dirigió al sitio de encuentro.


Él estaba allí -para su sorpresa- mejor que hacía mucho tiempo y es que como ella, él también había cambiado.

Se acercó y él estaba de espaldas, le susurro al oído un jadeante "hola", él tardó en reconocer su insinuante voz; sin embargo, su estilo era el mismo, cabello algo más largo , uñas vino-placer algo más largas y una elegancia sin precedentes.

Se puso de pie de frente a él y al mirarlo a los ojos lo tomó la cara con un dedo y lo sorprendió con esta frase:

"Querido: muchas mujeres tendrás en tu vida, pocas como la que tienes ahora pero, Ninguna como YO"



Lo AmAbA



Media vuelta y se marchó... Sólo quedó el eco de sus hermosas botas... y un halo de desesperación en el rostro de ese pequeño rufián de corazones...









A pesar de todo, lo sigue amando

2 comentarios:

Agnes Grey dijo...

Como YO, ninguna... "media vuelta y se marchó..." pero aún así lo sigue amando.
[Deseo tener esa fuerza, algún día]

Srta. Acoso dijo...

Y yo deseo algún día que ese rufián de corazones, me devuelva el mío.



=)



Atte.


Srta. Acoso