Hace 36 años desde que tengo uso de razón, que te he humillado, vejado y vilipendiado sin temor, sin pena pero, si con íntima vergüenza y ahora me queda en la conciencia el haberte maltratado así... Las circunstancias, no puedo decir que me dejé llevar por ellas, porque perdí valor y fuerza al flaquear ante ellas... Mi orgullo fue tan implacable, tan irreverente, tan absurdo y, es que ahora estoy frente a tu féretro y la verdad, no quiero verte muerta... Porque ya no vale este llanto, ni importan las palabras de arrepentimiento, nada importa ahora.
¿Cómo hago yo para sobrellevar en mis hombros esta carga? ¿Este pesar de no haberte hecho ni un poquito feliz, siendo tú lo más vital para mi existencia?

Dedicado a todos los que no se arrepienten y humillan, aquellos que jamás toman un tiempo mínimo para reflexionar, perdonar y solucionar heridas causadas a otros... demasiado tarde es cuando nos levantamos frente una tumba y la persona no nos escucha, ya no nos siente.


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