Hoy en día cuando las palabras carecen de valor,
deseo quedarme muda...

Hace un par de días una persona muy especial, de ésas que sentimos parte de nuestro ser, me comentaba asombrado de algo muy peculiar que le había sucedido. Él estaba reunido con una amiga y su novio, cuando los invitó a unirse al grupo más grande resulta que al volverse la espalda pronunció unas palabras, y el novio de la chica lo tomó del hombro y le dijo:
- No me hables dándome la espalda, mírame a los ojos porque soy sordo y leo los labios...
Mi amigo se quedo atónito con la situación y más allá de parecer espantado, me mostró una fascinanción por aquel muchacho que a pesar de no poder oír, podía hablar, en un tono de voz ni alto, ni bajo -a la medida. Podía estar lejos de ti y tú sin necesidad de gritarle, hacerte entender con sólo mover los labios... Podías decir algo a su lado y él entender, hasta podías tener una conversación con alguien y pensar en que nadie se entere y, él con solo verte saber éso que deseas ocultar...
De allí vino la siguiente interrogante:
- ¿Qué sentido desearías no tener, claro, si pudieras?
No deseo perder alguno de mis sentidos, ni siquiera obtener uno adicional a los que poseo. Sencillamente quisiera enmudecer. Pero que dicha petición sea condicionada. ¿ Y eso por qué?
Porque hoy en día cuando las palabras han perdido su valor, y todos las manoseamos sin pensar al dejarlas salir por nuestra boca, y dejamos a un lado el valor y poder, del que ni tratan de vanagloriarse... Sólo deseo callar, para no balbucir palabras de ira, de agonía, de rabia, de cólera, para no herir con palabras. Para sentir y en el momento de ese clímax ostentar por un segundo de unas cuerdas vocales que vibren y digan lo que siente mi ser. Que las palabras ya no salgan manoseadas de mi boca, que recobren su valor, porque sólo será un instante aquel en que mi voz tenga color y mi timbre sea tan melodioso como las teclas de un piano. Un te amo, un te extraño, un te necesito, un ven a mi y, un perdóname danzarán al oído del otro revestidos de su matiz original, porque saldrán de mi nutridos de amor, dicha y perseverancia por sentirlos acá dentro y por fin, dejarlos escapar.
Que esa cremallera que clausura mi boca se abra dulce y delicadamente a la hora de demostrar cuanto eres para mi y, hacer de ese momento tan único y placentero que podamos recordarlo cuando ésos pequeños dientes se vayan engranando suavemente y me dirijan hacia el silencio... porque los momentos sublimes deben ser revividos de a poquito, para que no pierdan esa magia embriagante y ese hechizo delirante, ese romántico veneno y corrosivo placer.
- No me hables dándome la espalda, mírame a los ojos porque soy sordo y leo los labios...
Mi amigo se quedo atónito con la situación y más allá de parecer espantado, me mostró una fascinanción por aquel muchacho que a pesar de no poder oír, podía hablar, en un tono de voz ni alto, ni bajo -a la medida. Podía estar lejos de ti y tú sin necesidad de gritarle, hacerte entender con sólo mover los labios... Podías decir algo a su lado y él entender, hasta podías tener una conversación con alguien y pensar en que nadie se entere y, él con solo verte saber éso que deseas ocultar...
De allí vino la siguiente interrogante:
- ¿Qué sentido desearías no tener, claro, si pudieras?
No deseo perder alguno de mis sentidos, ni siquiera obtener uno adicional a los que poseo. Sencillamente quisiera enmudecer. Pero que dicha petición sea condicionada. ¿ Y eso por qué?
Porque hoy en día cuando las palabras han perdido su valor, y todos las manoseamos sin pensar al dejarlas salir por nuestra boca, y dejamos a un lado el valor y poder, del que ni tratan de vanagloriarse... Sólo deseo callar, para no balbucir palabras de ira, de agonía, de rabia, de cólera, para no herir con palabras. Para sentir y en el momento de ese clímax ostentar por un segundo de unas cuerdas vocales que vibren y digan lo que siente mi ser. Que las palabras ya no salgan manoseadas de mi boca, que recobren su valor, porque sólo será un instante aquel en que mi voz tenga color y mi timbre sea tan melodioso como las teclas de un piano. Un te amo, un te extraño, un te necesito, un ven a mi y, un perdóname danzarán al oído del otro revestidos de su matiz original, porque saldrán de mi nutridos de amor, dicha y perseverancia por sentirlos acá dentro y por fin, dejarlos escapar.
Que esa cremallera que clausura mi boca se abra dulce y delicadamente a la hora de demostrar cuanto eres para mi y, hacer de ese momento tan único y placentero que podamos recordarlo cuando ésos pequeños dientes se vayan engranando suavemente y me dirijan hacia el silencio... porque los momentos sublimes deben ser revividos de a poquito, para que no pierdan esa magia embriagante y ese hechizo delirante, ese romántico veneno y corrosivo placer.


2 comentarios:
Bella reflexión mi amiga ...
Muy bella, tienes razón...
Pero esta semana cuando me descubrí con la voz tan frágil, tan débil y a la vez quedandome muda para no perder el aliento... me sentí como una total hipócrita, porque lo que más deseaba al tenerlo me invadió el miedo y sencillamente no lo quiero...
¿Quedarme sin voz?
Ya no estoy tan segura...
=(
Atte.
Srta. Acoso
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