Siempre creí que sabía lo que quería y justo cuando lo tenía... La verdad me quitaba la venda de los ojos y descubría que eso no era lo que tanto aclamaba...
La mayoría de las veces Srta. Acoso pensó y confió que era triste, que su alma siempre merecía estar acongojada, dolida y corroída... Hoy pienso diferente, no sé amar, no sé llorar, no sé reír y no sé sentir...
Me di cuenta que la mejor manera de abrir las cerraduras de mi alma era tener las situaciones sugestionadas a mi...

Y cuando quise volar, creer en la magia y volver a vivir una quimera, me tomé las píldoras del amor. Cuando desperté me fuí por la puerta de emergencia....
La realidad era tan gris y tan cruenta, me abrumaba, me dolía...
No quiero seguir pintando mis páginas con el mismo lúgubre escarlata de mi sangre, ahora se me antoja dibujarle tiernas pinceladas de retiro, de relajación, donde tú no eres ya, mi protagonista.


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