Como expliqué en el escrito anterior: ¡Vaya si es difícil vivir con las consecuencias!
(Interesante cuando tus propias palabras se vuelven en tu contra)
Te levantas de la cama, dejas a un lado el dolor y empiezas a buscar las piezas del rompecabezas de la noche anterior, todo a tu alrededor estorba, quisieras estar en una cámara de gas y que en el momento menos esperado abran las válvulas y puedas morir... ¡No! Este no es el rumbo de este escrito... Vamos de nuevo.
Te levantas de la cama haciendo a un lado el dolor, lo único que piensas es "extrañar", ¿qué extrañaré primero luego de tu ausencia? Y cuando empiezas a evocar imágenes llegas a la conclusión que ya extrañas todo; a ese ser, a su verbo, su presencia o tal vez todo se reduce a extrañarla, no como si jamás volvieras a verla, es mucho peor, es saber que en algún lugar estará y tú no puedes llegar allí...
Extrañar es uno de mis verbos favoritos, una de las acciones más ricas en sentimientos y emociones... El problema es el alto precio que pago por extrañar-te.
Viviré rea confesa...


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